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22.10.2009

Bonsáis. Arte y naturaleza

De un tiempo a esta parte se ha extendido mucho una nueva moda para el tiempo libre entre la gente con ganas de disfrutar de nuevas sensaciones: se trata de cultivar y coleccionar bonsáis. La fama alcanzada por este viejo arte oriental ha despertado todo tipo de reacciones.

Bonsáis. Arte y naturaleza

Ficus R. Bonsái

Cultivar bonsáis puede resultar una actividad gratificante en sentido espiritual tal como la concibieron sus creadores chinos, o quedarse en una simple afición un tanto exótica.
Destacamos algunos puntos clave en el arte de cultivaer Bonsais.

CUIDAR MACETAS CON ESTILO ORIENTAL

Algunos entendidos piensan que cuidar Bonsáis no es muy distinto de cualquier otra tarea de jardinería, sólo que más elaborada y pensada y que, por tanto, está bastante al alcance de cualquiera que sienta una inclinación por las cosas naturales, que sepa apreciar la satisfacción de dar forma a un árbol, recreando paisajes, montañas y bosques.

Por otra parte, las viviendas actuales, con poco espacio, no permiten un disfrute de la jardinería que, sin embargo, sí es posible con los árboles en macetas.

No hay que dejarse deslumbrar por las terminologías latinas, que tanto abundan en catálogos y exposiciones de Bonsáis, simplemente hay que familiarizarse con las técnicas de tratamiento de las plantas bonsái que, muy al modo oriental, están perfectamente sistematizadas, a través de una práctica que ha ido acumulando experiencias de siglos.

LO IMPORTANTE ES LO QUE NO SE VE

Lo más importante de un bonsái, es su contexto filosófico, que se basa en un origen religioso. Este origen, o por lo menos lo más antiguo que se conoce del bonsái, parece centrado en China, allá por el siglo XIV, en relación con la Religión Taoísta, con su mensaje de comunión con la Naturaleza, porque todo el Universo está gobernado por el Tao, que es como el sentido de la vida, la armonía interna de todo lo que existe, su razón de ser. Para los taoístas, además, las miniaturas son capaces de condensar la energía natural y, por lo tanto, guardan una especie de poderes especiales, sobre todo si están contorsionadas o configuradas por condiciones adversas.

El paso de esta práctica de China al Japón motivó que se le aportasen nuevos enfoques, tanto técnicos como filosóficos y religiosos, pues pronto fue adoptada por el Budismo Zen. Los monjes zen se convirtieron en grandes maestros del bonsái y, desde el principio, le confirieron una mayor ritualización y jerarquía. El arte del bonsái se transmitía de maestros a discípulos. En la actualidad, esta rigidez normativa ha dado paso a una mayor elasticidad, con lo que bonsái ha pasado de los monasterios zen a las modernas terrazas de los apartamentos occidentales.


OTRA FORMA DE VER LAS COSAS

Uno de los signos que parecen desprenderse de la presencia del bonsái en Occidente es que va perdiendo su carácter religioso o filosófico que tuvo en sus orígenes, cuando los monjes zen lo practicaban para desarrollar la capacidad de concentración y meditación.

Aunque no deja de mantener su carácter enigmático, no cabe duda de que los maestros orientales se han visto sustituidos por los clubes de aficionados de Occidente y las revistas especializadas.

Por otra parte, la forma de apreciar el tiempo que se tiene en Occidente, tan diferente a la oriental, se ve reflejada, por ejemplo, en lo que se considera en la actualidad un buen bonsái: debe tener aspecto de árbol fundamentalmente, aunque sea un ejemplar inmaduro de cinco años. Sin embargo, antes, se decía que para que un árbol fuera perfecto necesitaba, por lo menos, cincuenta años de maduración.

ESTILOS VARIADOS

Una de las cualidades que desarrolla el bonsái es la capacidad de observación y de apreciar los detalles. Así, el que se acerca por primera vez a contemplar una colección de estas plantas, quizá al principio piense que todas son más o menos iguales. Sin embargo, pronto apreciará que existen distintos estilos, maneras muy diversas de tratar y dar forma a una planta.

Hay una serie de elementos que siempre deben tenerse en cuenta. Estos elementos son de dos órdenes: metafísicos y técnicos.

Entre los primeros, los manuales de Bonsáis suelen coincidir en citar los siguientes: unidad, verosimilitud, movimiento y gesto, potencia sugestiva y contenido lírico.

Por lo que se refiere a los segundos, se deben tener en cuenta: el formato, los puntos, las líneas, las masas, los ritmos y simetría, la perspectiva, la entonación y los contrastes. Se recalca que lo fundamental es que, antes de todo, exista una idea bien clara, que vendrá a presidir todo el trabajo y a ser como el tema de una composición; por ejemplo, la serenidad, la capacidad de superar las adversidades o la unidad dentro de la variedad, principio éste que resulta esencial en la filosofía bonsái

LAS SIETE ETAPAS DE LA FORMACION DE UN BONSAI

Una vez que se tiene la idea clara sobre lo que uno quiere expresar y transmitir con un bonsái, se puede empezar a trabajar. Es preciso antes hacer esquemas y bocetos de la forma, tamaño, líneas y proporciones que se quieran en armonía con la idea, pues lo que caracteriza al bonsái es que la espontaneidad natural que puede verse en uno ya logrado y maduro, no es más que el fruto de un trabajo cuidadoso, en el que nada se produce sin que sea querido y dirigido por el cultivador. Cada hoja, cada brote, estará donde deba estar, según el plan trazado por el hombre, que a su vez deberá entablar una especie de diálogo o comunicación con la planta, en orden a estar capacitado para interpretar sus necesidades, sus "deseos" y no forzar excesivamente su naturaleza. Quizá este aspecto sutil sea uno de los más difíciles de conseguir y, sin embargo, garantiza el eventual éxito del cultivador con su bonsái.

Ni que decir tiene que la maceta es de capital importancia. Los aficionados prefieren las japonesas, especialmente diseñadas al efecto, dotadas de los agujeros necesarios, que deberán servir para sujetar las raíces de la planta, y con la porosidad del gres, que es la justa para conseguir y conservar el grado de humedad que se requiera.

Generalmente, se tienen en cuenta siete etapas en la formación de un árbol bonsái y cada una de ellas requiere la aplicación de las diferentes técnicas específicas. Son las siguientes:

1. obtención del tronco apropiado,

2. obtención de las raíces vistas,

3. obtención de las ramas principales,

4. obtención de las ramas secundarias,

5. obtención del ramaje y de la masa del follaje,

6. reducción de las hojas y aplicación de las técnicas del bonsái para mantener el resultado conseguido.

7. Y sobre todo, no tener ninguna prisa, pues un error producido por el apresuramiento puede condicionar resultados de años.

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fuente: Mª Dolores Fernández Figares.